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Himno a San José



Hoy a tus pies ponemos nuestra vida,
hoy a tus pies, ¡Glorioso San José!
Escucha nuestra oración,
y por tu intercesión,
obtendremos la paz del corazón.

En Nazaret junto a la Virgen Santa,
en Nazaret, ¡Glorioso San José!
cuidaste al niño Jesús,
pues por tu gran virtud,
fuiste digno custodio de la Luz.
Con sencillez humilde carpintero,
con sencillez, ¡Glorioso San José!
hiciste bien tu labor,
obrero del Señor,
ofreciendo trabajo y oración.

Tuviste Fe en Dios y su promesa,
tuviste Fe, ¡Glorioso San José!
Maestro de oración,
alcánzanos el don de escuchar
y seguir la voz de Dios.

Patriarca Glorioso Señor San José



ESTRIBILLO:
Patriarca Glorioso,
Señor San José,
todos te pedimos
la Gloria nos des.
Todos te pedimos
la Gloria nos des.


Por tu Hijo Divino,
al Cielo iré a verte,
dame buena muerte,
Señor San José.
Dame buena muerte,
Señor San José.


ESTRIBILLO.
Te ruego que escuches
mi humilde oración,
y que la presentes
a tu Hijo, que es Dios.
Y que la presentes
a tu Hijo, que es Dios.


ESTRIBILLO.

Esposo escogido
entre centenares,
no me desampares,
por favor, te pido.
No me desampares,
por favor, te pido.


ESTRIBILLO.

Como brotes de olivo



ESTRIBILLO:
Como brotes de olivo,
en torno a tu mesa, Señor,
así son los hijos de la Iglesia.


El que teme al Señor será feliz,
feliz el que sigue su ruta.

ESTRIBILLO.

Del trabajo de tus manos comerás,
a ti, la alegría y el gozo.

ESTRIBILLO.

Y tu esposa en el medio de tu hogar,
será como viña fecunda.
ESTRIBILLO.

Como brotes de un olivo reunirás,
los hijos en torno a tu mesa.

ESTRIBILLO.

El Señor bendecirá al hombre fiel,
con esta abundancia de bienes.

ESTRIBILLO.

A los hijos de tus hijos los verás,
¡la gloria al Señor, por los siglos!

ESTRIBILLO.

La Canción del Carpintero



Mientras te acuno en mis brazos,
entre lágrimas de amor,
es que a veces no comprendo,
este pobre corazón.

Y pensar que había pensado,
abandonarla en secreto,
de no haber sido por el Ángel,
y de lo que dijo en aquel sueño.

Si todavía me cuesta creer,
que se haya fijado en mí el cielo.
Espero sepas comprenderme,
yo sólo soy un pobre carpintero.

Aquí cuidando de Tu Madre,
y contigo aquí en mis brazos,
soy más feliz que el hombre más feliz,
que la tierra haya pisado.

Pero está tan fría esta noche,
estamos tan lejos de casa.
¡Ay Dios, qué raros son tus planes!
dije a la noche estrellada.

Hubiera querido darte,
un palacio y no este agujero,
pero Tú sabes, no hay lugar
para el Hijo de Carpintero.
Y te cantaré canciones,
de nuestro pueblo y su cansancio,
inclinado ante la cuna,
que haré con mis propias manos.

Cuando crezcas, cada noche,
te contaré historias de sembradores,
de semillas, de tierra fértil,
de ovejas perdidas y de pastores.

De un hombre que encontró un tesoro
y por Él lo dejó todo,
y así sabrás cuánto te quiero,
y que aquel hombre es este carpintero.

Y te veré crecer despacio,
en cada primavera,
te hablaré de nuestro Dios,
te enseñaré lo que pueda.

Éste es el hombre que soy,
eso es todo lo que puedo darte,
no tengo oro, ni plata,
sólo un corazón para amarte.

El que sólo entiende
de clavos y madera,
el que por Ti daría,
daría su vida entera.

Es que por Ti daría...
mi vida entera.